Este 17 de Agosto de 2020 el bailarín y coreógrafo Carlos Copello escribió una Carta abierta al Festival de Tango, su director Gabriel Soria, y autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
«¿Qué sapa Señor?
La tierra está maldita y el amor con gripe, en cama. La gente en guerra grita, bulle, mata y brama… afirma Enrique Santos Discépolo en el tango que inspira esta carta abierta.
El Tango está a punto de morir en Buenos Aires? sus milongas cerradas, sus bailarines, músicos, cantores y artistas callejeros sin trabajo en la peor crisis de toda la historia del 2×4.
Desde que empezó la pandemia se cerraron las puertas de todos los espacios culturales vinculados al quehacer del Tango en la Ciudad. La realidad es dramática: 200 milongas de CABA sin vida, casas de Tango vacías y trabajadores sumidos en la miseria. Como broche la indiferencia del Gobierno porteño, quien ha hecho hasta ahora oídos sordos a los numerosos reclamos.
Haciendo gala de una falta de empatía sin precedentes con los padecimientos mencionados, la Dir. de Festivales de la Ciudad ha invitado, entre gallos y medianoche, a muchos artistas para participar en la realización de la celebración virtual del Festival de Tango Agosto 2020.
Si antes de la pandemia el Festival era famoso por el destrato a los artistas que convocaba, pagándole varios meses después y olvidándolos el resto del año; ahora la desconsideración en tiempos de covid se manifiesta a través de torpezas y verdugueo: anuncio del Festival virtual a pocos días de que tenga lugar, convocatorias ad honorem en la mayoría de los casos, y ninguneo de las milongas y espacios artísticos. Volviendo a Discépolo: Qué sapa señor?
Como bailarín, milonguero, maestro, coreógrafo, actor, hago evidente mi rechazo a la forma en que manosean el Tango en el marco del Festival que este año impulsan como si se tratara de una mala comedia de enredos.
Si realmente tienen intenciones sinceras, por favor dejen de precarizar el trabajo de los artistas. Hagan un ejercicio de conciencia, entiendan que la política cultural es otra cosa. Contemplen al prójimo, pónganse en los zapatos de los bailarines, de los músicos, de los maestros, de los artistas callejeros que hace meses viven en estado de emergencia bajo una total ausencia del Estado.
El Gobierno porteño debe comprometerse con la protección real del sector adecuando el presupuesto de Cultura para llevar a cabo una política de emergencia coherente y justa que permita atravesar esta crisis de manera digna, con subsidios y lo necesario para estos casos de excepción.
Se que esta carta me puede valer que nunca más me convoquen en futuros festivales, pero mi conciencia está primero, también mi compromiso con el Tango. La historia se escribe día a día y estoy seguro de que será implacable con los verdugos del Tango».
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