Con las banderas de todos los edificios federales a media asta luego de superar las 500 mil muertes por coronavirus, Estados Unidos busca dejar atrás la estrategia caótica del gobierno de Donald Trump para controlar la pandemia. Pese a que Washington está suministrando millones de vacunas a diario y que acapara gran parte del suministro mundial, las predicciones apuntan a que las víctimas fatales seguirán aumentando hasta llegar a 600 mil en la próxima primavera. El coronavirus fue la principal causa de muerte en el país durante el mes de enero por delante de los accidentes cardíacos y el cáncer, según estadísticas de la Kaiser Family Foundation.
A diferencia de su antecesor en la presidencia, quien a menudo buscaba minimizar la enfermedad asegurando que el coronavirus era «menos letal» que la gripe, Joe Biden hace del combate a la pandemia su máxima prioridad de gobierno. Más allá de las dramáticas cifras, la tendencia de contagios en el país es a la baja aunque los hospitales en algunos estados siguen registrando dificultades.
«Yo sé lo que se siente», afirmó el mandatario demócrata el lunes en referencia a las numerosas tragedias que ha superado en su vida, en un mensaje solemne y breve en el que pidió a los estadounidenses que permanezcan atentos, que mantengan la distancia social, que usen mascarillas y se vacunen. «Recuerden a los que perdimos y a quienes quedaron atrás», exigió el mandatario. Tras su breve discurso, Biden participó en una ceremonia en el jardín de la Casa Blanca, donde se instalaron velas para recordar a los fallecidos.
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