Las mujeres que tienen entre 22 y 39 años, representan el 50 % de las denuncias por violencia.
Más de 20 años fue el tiempo que le llevó a María (nombre ficticio) decidirse a poner punto final a una vida sumida en el maltrato físico y psicológico que le daba su pareja. Con 44 años y cinco hijos, ella no imaginó que el día para comenzar una nueva vida llegaría. Fue el 19 de octubre de 2013 cuando la puerta entreabierta de la vivienda que compartía junto a su marido y padre de sus hijos, se convirtió en la única oportunidad para escapar del lugar donde había permanecido por dos décadas, prácticamente en la esclavitud. «En el hospital me daban pastillas anticonceptivas y él las tiraba. Ahora me doy cuenta que el tenerme embarazada siempre fue una manera de ejercer poder sobre mí. Llegué a pensar que mis hijos eran un castigo de Dios, no entendía por qué me daba hijos si venían a vivir una mala vida. Ahora no pienso así. Soy libre», dijo María.
Ella encarna la historia de pocas personas que logran vencer el pánico y son impulsadas por las ganas de tener una vida digna. En María, ese profundo anhelo pudo más que cualquier sometimiento.
Los terapeutas aseguran que el miedo y la vergüenza son los principales factores que impiden que una mujer víctima de violencia de género rompa el círculo que la mantiene cautiva a situaciones y a personas que le provocan daño.
En nuestra provincia las estadísticas reflejan que en su mayoría, las víctimas son mujeres de entre 22 y 39 años es el que más sufre las agresiones. Alcanza alrededor del 50% de las denuncias que se registran.
Los principales denunciados por violencia son las exparejas parejas. Personas que compartieron con las víctimas el entorno más intimo. Si bien la cantidad de mujeres que denuncia va creciendo, la violencia de género sigue siendo un tema tabú del que poco se habla.
Es común que se naturalice la violencia en el seno familiar a través de las generaciones.
No importa la clase social, las mujeres víctimas de violencia se reparten entre los distintos estratos pero con un factor común: creer que la persona que las maltrata cambiará.
«Sufrís mucho pero no sabés cómo salir, en mi caso tenía miedo, no sabía que había personas que me podían ayudar, un desconocimiento total del tema, no sabía cómo actuar», explicó María. Ella, en un impulso de supervivencia escapó sola sin sospechar que afuera la esperaba un largo proceso de recuperación en el que la ayuda de expertos sería clave.
Deambuló por las calles, pasó noches en la plaza 9 de Julio esperando protección.
«Aquel domingo, Día de la Madre, siguiente al viernes cuando radiqué la denuncia, volví a la comisaría y recuerdo que el policía me dijo: ‘Señora, usted muy pronto podrá festejar todos los días el Día de la Madre’. Esas palabras me quedaron en la cabeza hasta hoy y me dieron fuerzas», relató la mujer al recordar el momento en que la justicia determinó la exclusión del hogar del padre de sus cinco hijos.
Una relación de poder que genera la violencia y no se erradicó aún
“Las diferencias de género socialmente construidas e impuestas han establecido una relación de poder del hombre sobre la mujer, que trasciende las diferencias de edad, identidad étnica, religiosa, ideológica y económica. Se ha institucionalizado así la violencia de un género sobre otro y de una generación sobre otra, en una relación de poder en las que las mujeres no importando su edad, son expuestas a diferentes tipos de violencia y discriminación que atenta contra su integridad física y emocional”, dijo Amelia Fuentes Marrupe, secretaria coordinadora de la OVIF.
Según los datos proporcionados por la mencionada oficina, durante el primer trimestre del 2014, se registraron 2514 casos de mujeres que sufrieron violencia, y el rango etario entre los 22 y 39 años es el de mayor representación con más del 47 por ciento.
“Cuando una mujer rompe el silencio, para la sociedad se inicia el conflicto, aparecen claramente intereses enfrentados, la resistencia y el rechazo de la mujer a la violencia se vuelven activos, se rompe el aparente equilibrio de pareja y se amenaza el control del agresor. A diferencia de tiempos pasados, hoy las mujeres se animan a denunciar tales hechos, así lo reflejan nuestras estadísticas, si nos preguntamos sobre las causas, quizás la información constante, la difusión sobre la existencia de organizaciones especializadas en la materia que realizan un abordaje eficiente y eficaz al caso denunciado les brinda seguridad, sintiendo efectivamente que ante su pedido de protección mediante una formal denuncia, recibirán una respuesta inmediata”, completó la funcionaria.
La oficina de Violencia Familiar fue creada por la Corta de Justicia, y tiene como principal objetivo garantizar a las víctimas de violencia familiar un efectivo acceso al servicio de justicia.

Canales de denuncias
El Programa de Asistencia Integral a Víctimas de Violencia (Santiago del Estero 2291, 2º Piso y subsuelo) dependiente del Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia de Salta, asiste a víctimas cuyas derivaciones fueron realizadas por el Poder Judicial y el Ministerio Público.
La demanda espontánea representa otra de las maneras de acceso de las víctimas al Programa de Asistencia. Se trata de aquellas personas que se acercan a fin de consultar o asesorarse sobre situaciones vividas o bien en los casos en que son o fueron testigos de las mismas.
Las acciones de oficio también figuran dentro de los ingresos pero están referidas a aquellas situaciones en las que se toma conocimiento a partir de medios de comunicación o por información de referentes barriales en las que se activa un dispositivo para tomar conocimiento de manera directa y realizar el diagnóstico profesional.
La intervención de otras instituciones (centros de salud, escuelas, comedores barriales, hospitales, entre otras entidades locales) puede también ser causa de ingresos al Programa de Asistencia a las Víctimas. En este caso específico se recepcionan informes de organismos que ponen en conocimiento situaciones de violencias con el fin de brindar tratamiento.
El refugio, el lugar para romper el círculo de la violencia
El maltrato físico y verbal es cosa diaria entre las mujeres golpeadas. No saben cómo desenvolverse o a dónde recurrir cuando deciden poner punto final a sus historias de martirio. El Hogar de Protección Temporal ofrece una respuesta a esa necesidad. Allí pueden permanecer contenidas las víctimas de violencia en situación de riesgo.
Escondido y secreto, el “Refugio” es el lugar que sin dudas quedará en el recuerdo de quienes pasaron por allí.
En el caso de María, la denuncia fue la vía por la que entró en contacto con la Oficina de Violencia Familiar del Poder Judicial (OVIF) y a partir de esa instancia, llegó a la institución de resguardo, cuya dirección no se puede revelar por razones obvias. Quizás en el peor momento de sus vidas y con lo que les queda de dignidad, las mujeres que ingresan a esta casa, representan ese porcentaje que se animó a decir “basta”.
Con una permanencia breve en el lugar pero con la contención necesaria para estos casos, algunas son alojadas junto a sus hijos.
“El Refugio es la última alternativa, hay muchos casos que podemos resolver con la familia o gente que conocen, pero hay otros casos en los que no sólo están en grave riesgo sino que en su mayoría carecen de recursos y vínculos que las ayuden a salir”, expresó Stella Maris Molina, directora de la institución.
Fuente: El Tribuno
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