En 1936, irrumpe victorioso Juan D’Arienzo en el disputado territorio de la popularidad. «Acababa de cumplir 35 años, uno menos que Julio De Caro —estilísticamente ubicado en el otro extremo del espectro musical del tango— era estrella desde 1924 y D’Arienzo comenzó a serlo cuando Pablo Osvaldo Valle lo llevó a la flamante radio El Mundo. Lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que D’Arienzo fuera un tanguero tardío. Como casi todos los musicantes de aquellos tiempos se inició en el tango de chiquilín», cuenta en una crónica José Gobello.
Con Ángel D’Agostino al piano, el bandoneonista Ernesto Bianchi —por apodo, Lechuguita— y Ennio Bolognini (hermano de Remo Bolognini y de Astor Bolognini), tocó, de muy chico, en teatritos de tres al cuatro. Su primera actuación memorable, que el mismo no memora bien, data de 1919. El 25 de junio de aquel año, la compañía Arata-Simari-Franco estrenó, en el teatro Nacional, la pieza cómica de Alberto Novión, El cabaret Montmartre. D’Arienzo , en un reportaje del año 1949 , dijo que el tocó en aquel estreno: «Con D’Agostino y yo en el violín tomamos parte en el estreno del sainete de Alberto Novión El cabaret Montmartre/…/. En la obra aparecía una pequeña orquesta típica, dirigida por nosotros, y que acompañaba a Los Undar’s, famosa pareja de baile integrada por la Portuguesa y El Morocho, dos ases del tango canyengue».
El doctor Luis Adolfo Sierra ha establecido, empero, que en el estreno de aquella pieza tocó la orquesta de Roberto Firpo. Cuando ésta (Firpo, al piano; Cayetano Puglisi, al violín; Pedro Maffia y Juan Bautista Deambroggio, a los bandoneones, y Alejandro Michetti, a la bateria) se alejó el 1º de setiembre de aquel año, fue reemplazada por la de D’Arienzo-D’Agostino .
De allí en más, D’Arienzo continuó vinculado al teatro. Acompañó, siempre con D’Agostino al piano, a Evita Franco, que tenía su edad y cantaba bellamente tangos como “Loca”, “Entrá nomás” o “Pobre milonga”; tañó su violín en la jazz de Frederickson y formó luego una orquesta con D’Agostino, en la que este, naturalmente, tocaba el piano; el otro violín lo hacía Mazzeo; en los bandoneones estaban Anselmo Aieta y Ernesto Bianchi, y Juan Puglisi en el contrabajo. Cuando D’Agostino hizo rancho aparte, lo reemplazó Luis Visca, que por aquellos años componía “Compadrón”. Aquel era un sexteto.
Y llegamos a 1935, que es un año clave en la performance de D’Arienzo; que es el año en que realmente aparece el D’Arienzo que todos recordamos. Eso ocurre cuando se incorpora a su orquesta Rodolfo Biagi, un pianista que había tocado con Pacho, que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones, que había tocado también con Juan Bautista Guido y con Juan Canaro. D’Arienzo actuaba por entonces en el Chantecler. La incorporación de Biagi significó el cambio de compás de la orquesta de D’Arienzo, que pasó del cuatro por ocho al dos por cuatro; mejor dicho, retornó al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos primitivos. Cuando Biagi lo abandonó en 1938 para formar su propia orquesta, D’Arienzo ya se había identificado para siempre con el dos por cuatro. Frente al ritmo marcial de Canaro, a la trivialidad un tanto murguística de Francisco Lomuto, a los arrestos sinfonistas de De Caro, D’Arienzo aportaba al tango un aire fresco, juvenil y vivificador. El tango, que había sido un baile alardoso, provocativo, casi gimnástico, se vio un día convertido, al decir de Discépolo, en un pensamiento triste que se puede bailar… Se puede… El baile había pasado a ser subsidiario hoy; sólo que entonces había sido desplazado por la letra y por los cantores y ahora lo es por el arreglo. Y bien: D’Arienzo devolvió el tango a los pies de los bailarines y con ello hizo que el tango volviera a interesar a los jóvenes. El Rey del Compás se convirtió en el rey de los bailes, y haciendo bailar a la gente ganó mucho dinero, que es una linda forma de ganarlo.
Los tangófilos menosprecian a D’Arienzo. Lo consideran una suerte de demagogo del tango. Pero D’Arienzo —como ha señalado muy bien José Luis Macaggi— hizo posible ese renacimiento del tango que ha dado en llamarse La Década del Cuarenta, una década que es para el tango algo así, mutatis mutandis, lo que el siglo de oro para la literatura española.
Es claro que el tango no comienza en 1940. Tampoco los tanguistas de 1940 son más importantes que los de 1910 o 1920 (como Cervantes no fue más importante que Berceo o que el Rey Alfonso). A veces se niega, con criterio entre esteticista y estetizante, a Canaro, a Contursi, a Azucena Maizani, a Luis Roldán, a los pioneros, a los que pusieron, bien o mal, los cimientos sobre los que se ha edificado el complicado edificio del tango. Astor Piazzolla se ha quejado alguna vez de que siempre se toca la música de los muertos… ¡Por Dios! Es como quejarse porque los chicos de las escuelas leen a Miguel Cané y a José Hernández.
Una vez que tuvo éxito con el nuevo compás, que encandiló a los bailarines del Chantecler y que la radio El Mundo difundió en todo el país, D’Arienzo comenzó a teorizar sobre si mismo.
Ignoro si el merito de D’Arienzo consistió inicialmente en sugerir, en proyectar o meramente en dejar hacer. Tampoco vale la pena demorarse en denigrar las concesiones lamentables que el maestro hizo a la chabacanería, en composiciones tan ordinarias como “El tarta” o “El hipo”. Mejor olvidar todo eso. En todo caso, esa chabacanería algún paralelismo guardaba con el tono original del tango, con la impronta plebeya que los compadritos pusieron al tango en las academias, en los cafés de camareras, en los bailes del Politeama y del Skating Ring, vale la pena, en cambio, detenerse en las teorizaciones d’arienzanas.
En 1949, decía D’Arienzo: «A mi modo de ver, el tango es, ante todo, ritmo, nervio, fuerza y carácter. El tango antiguo, el de la guardia vieja, tenía todo eso, y debemos procurar que no lo pierda nunca. Por haberlo olvidado, el tango argentino entró en crisis hace algunos años. Modestia aparte, yo hice todo lo posible para hacerlo resurgir. En mi opinión, una buena parte de culpa de la decadencia del tango correspondió a los cantores. Hubo un momento en que una orquesta típica no era más que un simple pretexto para que se luciera un cantor. Los músicos, incluyendo al director, no eran mas que acompañantes de un divo más o menos popular. Para mí, eso no debe ser. El tango también es música, como ya se ha dicho. Yo agregaría que es esencialmente música. En consecuencia, no puede relegarse a la orquesta que lo interpreta a un lugar secundario para colocar en primer plano al cantor. Al contrario, es para las orquestas y no para los cantores. La voz humana no es, no debe ser otra cosa que un instrumento más dentro de la orquesta. Sacrificárselo todo al cantor, al divo, es un error. Yo reaccioné contra ese error que generó la crisis del tango y puse a la orquesta en primer plano y al cantor en su lugar. Además, traté de restituir al tango su acento varonil, que había ido perdiendo a través de los sucesivos avatares. Le imprimí así en mis interpretaciones el ritmo, el nervio, la fuerza y el carácter que le dieron carta de ciudadanía en el mundo musical y que había ido perdiendo por las razones apuntadas.
«Por suerte, esa crisis fue transitoria, y hoy ha resurgido el tango, nuestro tango, con la vitalidad de sus mejores tiempos. Mi mayor orgullo es haber contribuido a ese renacimiento de nuestra música popular».
Esto es lo que decía D’Arienzo, a través de aquel gran periodista, de aquel maestro del reportaje que fue Andrés Muñoz. Y bien: el mismo día que D’Arienzo decía esas cosas, o casi el mismo día, Aníbal Troilo, con Edmundo Rivero, grababa “El último organito”. Allí el cantor estaba en primer plano y, sin embargo, eso era tango puro, y en la más exigente antología sonora aquella bellísima versión no debería estar ausente.
Por lo demás, también D’Arienzo puso, a veces, al cantor en primer plano, y aunque lo hizo correr a la velocidad de la orquesta, buscó un éxito adicional y menospreciable en letras tan penosas como las nombradas o como “Chichipía” o “El Nene del Abasto”. En 1975, un mes antes de su muerte, D’Arienzo volvió a teorizar: «La base de mi orquesta es el piano. Lo creo irremplazable. Cuando mi pianista, Polito. se enferma, yo lo suplanto con Jorge Dragone. Si llega a pasarle algo a éste no tengo solución. Luego el violín de cuarta cuerda aparece como un elemento vital. Debe sonar a la manera de una viola o de un cello. Yo integro mi conjunto con el piano, el contrabajo, cinco violines, cinco bandoneones y tres cantores. Menos elementos, jamás. He llegado a utilizar en algunas grabaciones hasta diez violines» (Reportaje del diario de Tres Arroyos, La Voz del Pueblo, 23 de diciembre de 1975).
Dada la importancia otorgada al piano por el maestro, no resulta superfluo mencionar la lista de sus pianistas: Alfonso Lacueva, René Cóspito, Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis Visca, Carlos Di Sarli, Lidio Fasoli, César Zagnoli, Rodolfo Biagi, Juan Polito, Fulvio Salamanca, Juan Polito, Normando Lazara (Di Sarli sólo actuó durante un mes en 1934, en el Chantecler reemplazando a Visca).
Sin duda, los resultados logrados por la orquesta de D’Arienzo no justificaban tanto derroche instrumental, ni justificaban tener el primer violín a un artista como Cayetano Puglisi. Con igual numero de instrumentos la orquesta de Troilo obtuvo, en 1946, ese prodigio de sonoridad que es la versión de “Recuerdos de bohemia”. Pero esa es otra cuestión. Lo cierto es que, en 1975, en plena vanguardia, D’Arienzo seguía sosteniendo que «sí los músicos retornaran a la pureza del dos por cuatro, otra vez reverdecería el fervor por nuestra música y, gracias a los modernos medios de difusión, alcanzaríamos prevalencia mundial».
Volver al dos por cuatro primitivo significa, sin embargo, borrar a Canaro, borrar a Cobián, borrar a De Caro, borrar a todos los tanguistas del cuarenta. ¿Vale la pena?
D’Arienzo, al fin de su carrera, cultivó el estilo campechano: por supuesto, sin saberlo y sin proponérselo. La gente lo veía gesticular frente a los músicos y los cantores; lo veía con simpatía, había algo de nostalgia y algo de burla. Por supuesto, el compás de la orquesta se llevaba tras de si los pies de los bailarines. Y los pies de los bailarines siguen yéndose con el compás cuando suenan los discos de D’Arienzo, y su figura continua suscitando una gran simpatía. Se la merece por lo que hizo por el tango al promediar la década de 1930.
El recuerdo de Rodolfo Biagi
Contaba Biagi: «Al regreso, dejé a Canaro y estuve un tiempo inactivo, aunque no me ausenté del ambiente tanguero. Era habitué del Chantecler donde actuaba Juan D’Arienzo y con quien tenía amistad. Su pianista entonces era Luis Visca. Y fui invitado a reemplazarlo varias veces ya que Luis siempre andaba con algún problemita de salud. Cuando su estado lo desmejoró aún más, fue normal que fuera yo su reemplazante y comenzó una etapa decisiva de mi carrera. «Respecto a mi estilo, siempre tuve inquietudes en ubicar el piano en un plano distinto al que se lo había empleado en la orquestas típicas, exclusivamente de acompañamiento. Y cuando llego a D’Arienzo pude materializarlo. Con él estuve desde diciembre de 1935 hasta junio de 1938.
Rey del compás
Nació grillo, en Balvanera
y allá por el treinta y cuatro,
se impuso en el dos por cuatro,
con el tango a su manera.
Y antes que el tango cayera,
él, confiado en su mandato,
le acercó, bien posta, el dato
para empardar la carrera.
Supo el por qué, supo el cómo,
lo dio todo, y además
se echó el tango sobre el lomo
sin importarle jamás
lo que pensaran los plomos.
El es el «Rey del Compás».
Tino Diez
SUS PADRES:
Don Alberto D´Arienzo y doña Amalia Améndola formaban un hogar de clase media, en el que don Alberto, merced a su trabajo de apoderado de importantes productores agrarios, aportaba un pasar económico bastante bueno, y su mujer Amalia ponía su ternura como sustancia del clan. Los hijos, todos con tendencias musicales: Ernani, baterista y pianista; Josefina, pianista eximia y soprano dramática. El mayor era Juan..
SU FORMACIÓN MUSICAL
Los tres hermanos comenzarían sus estudios de piano en el Conservatorio Mascagni
Juancito los continuaría en el Conservatorio Altiban-Piazzini, y más tarde al lado de los profesores Pane y Fassano.
OTRO GRANDE
Juan D´Arienzo tenía un vecino, Angel Domingo Emilio D´Agostino, con el que intimó como hermano estudiando juntos en la casa de los D´Arienzo, y con el que integró un conjunto infantil para actuar en el Jardín Zoológico: «Los Ases del Tango». Luego de pasar por la orquesta que dirigía Carlos Posadas en el Teatro Avenida, volvió a integrar un sexteto con D´Agostino, con el que actuó en los cines Hindú y Paramount, al lado de Anselmo Aieta y de Navarro en fueyes, Cuervo como segundo violín, Corletto en contrabajo y Luis Visca en piano, con la pareja de bailarines integrada por El Mocho (Bernardo Undarz) y La Portuguesa.
La experiencia conjunta sirvió para unir en el tiempo la personalidad melódica de D´Agostino con el fuerte temperamento del futuro «Rey del Compás»
EL REY DEL COMPÁS
El bautismo del «Rey del compás» se produjo en el Chantecler, slogan creado por Ángel Sánchez Carreño, más conocido como Príncipe Cubano»
EL PIANO
El piano fue el instrumento que marcó el ritmo musical de la orquesta del «Rey del Compás». En los cuarenta años de la orquesta fueron sus ejecutantes, por orden cronológico: Vicente Gorrese, Nicolás Vaccaro, Juan Polito, Luis N.Visca, Juan Carlos Howard, Alfonso Ramiro Lacueva, Juancito Díaz, Lidio Fasoli, Rodolfo Biagi, Carlos A. Giampetruzzi, César Zignoli, Juan Polito, Jorge Dragone, Fulvio Salamanca, otra vez Juan Polito, y Jorge Dragone (en 1971, por enfermedad de Juan Polito). Algunas versiones indican que Carlos Di Sarli colaboró en una ocasión durante 45 días.
SU PRIMERA ORQUESTA
En 1928 los integrantes de la orquesta de Juan D´Arienzo eran Alfredo Mazzeo, Luis Cuervo y Juan D’Arienzo en violines, Ciriaco Ortiz, Nicolás Premian y Florentino Octaviano en bandoneones, Vicente Gorrese en piano, Juan Puglisi en contrabajo y Carlos Dante como estribillista
DÚO
En 1916 Juan integró un dúo con Eduardo Bonessi, que fue maestro de canto de Carlos Gardel, para actuar en salas cinematográficas acompañando filmes mudos.
OTROS REFUERZOS:
Tres fuelles magistrales actuaron como refuerzo en la orquesta del «Rey del Compás»:
Ciriaco Ortiz, Aníbal Troilo y Jorge A. Fernández.
PRIMERAS GRABACIONES
Como acompañante de solistas, D’Arienzo habría grabado con Carlos Dante «No volveré a tu barrio» y con Raquel Notar el vals «Amor pagano», y ya formada su orquesta su tango «!Callejas solo!» con Carlos Dante y letra de Luis Rubinstein, que cambió su nombre, primero por el de «Rodolfo Valentino» y luego definitivamente también con letra de Rubinstein, por el de «Nada más». Estos registros fueron realizados para el sello Electra, cuyo propietario era su tío, Alfredo Améndola
RODOLFO BIAGI
Valle en un concepto pluralista se corrió una noche a la calle Paraná 440 donde funcionaba el famoso cabaret Chantecler, a saludar a su amigo Juan D´Arienzo.
Se origino el siguiente dialogo: «Juan, te invito que vengas con tus muchachos a debutar en Radio El Mundo, quiero que el pueblo te escuche». A lo que D´Arienzo replicó: «Iría, pero estoy en un gran problema. Te cuento: Mi pianista Lidio Fasoli es muy faltador, le estoy por dar el raje, y voy a probar a un pibe de veintisiete años que está sin trabajar y tiene buenos pergaminos: tocó con Juan Maglio de jovencito, después lo hizo con Juan Guido, y estuvo con Juan Canaro, con quien viene de una gira por Brasil. Acompañó en el ’30 a Carlos Gardel en una grabación que hicieron con sus guitarristas Barbieri, Riverol Aguilar y con el violín de Antonio Rodio. Si arreglo este tema te prometo ir.»
Lo cierto es que con la incorporación de Rodolfo Biagi, (que así se llamaba el talentoso pianista), la síncopa de la orquesta sufrió un cambio de 180° grados. El temperamento vibrante de Biagi, de ejecución nerviosa y rítmica, exhumó antiguas obras tangueras que dieron un marco personal bien definido al conjunto.
Cuando se produjo el debut en la flamante radio, y los y tangueros escucharon esos compases seductores, sintieron la necesidad de bailar el tango.
GRABACIONES:
El maestro Juan D´Arienzo grabó 1013 temas con su orquesta típica desde 1926 a 1975. Hubo temas que fueron grabados varias veces. «La cumparsita», por ejemplo, tuvo cinco registros: En 1928 para el sello «Electra» y los otros cuatro para RCA Víctor, en los años 1937, 1943, 1951, 1983 y 1972.
Fueron llevados al disco cuatro veces «El choclo, «El internado», «El irresistible», «Esta noche me emborracho», «Felicia», «La catrera», «La Payanca», «La Puñalada», «Paciencia» y «Pampa», y grabados en tres ocasiones «Canaro en París», «Derecho viejo», «Don Juan» «Don Pacífico», «El africano», «El entrerriano», «El Marne», «Hotel Victoria», «Homero», «La guitarrita», «La morocha», «Loca» y «9 de julio».
EN EL CINE:
En la película «Tango» (1933), la orquesta de D’Arienzo brinda marco a la voz de Alberto Gómez en los tangos «Brumas», «Chirusa» y «Alma de bohemio».
En el año 1937 interpreta «Melodías porteñas», de Enrique Santos Discépolo, en el filme del mismo nombre.
Participó también en «Yo quiero ser bataclana» con Niní Marshall, en 1941, donde además del tema homónimo, interpreta junto a Niní parte de su tango «El vino triste».
En 1949 actuó en «Otra cosa es con guitarra» y en la película «Alma de bohemio», también con Alberto Gómez, con secuencias filmadas en el Chantecler. Su última aparición cinematográfica fue en 1950, con su inclusión en el filme «Al compás de tu mentira»
RADIO
En 1934 difundió por LR9 Radio Fénix sus intepretaciones desde el Chantecler. Pasó luego a Radio El Mundo, donde permaneció durante 22 años. Entre 1959 y 1961 actuó en LR3 Radio Belgrano, y su orquesta fue incluida también, en 1961, en un programa en triplex por las tres cabeceras de las redes nacionales (El Mundo, Belgrano y Splendid). Finalmente volvió a Radio El Mundo, donde concretó su gran convocatoria en el programa «Yo me presento así» con el presentador Antonio Carrizo, quien leía glosas de Barreiros Bazán.
TELEVISIÓN
El programa de televisión «Palais de Glace» lo contrató como figura en Canal 7, en 1959. Por su parte, Canal 9 lo presentó en 1960 en «Aquí Armenonville», y animó en 1962 el «Show de CAP» por Canal 7. Por el mismo canal se presentó en el programa «Del Pueblo», en 1971.
PECADO DE NECESIDAD
D´Arienzo es autor de un Shimmy, «Tu boquita» («Your Little Mouth»), que dedicó a su amigo Martín Gregorini, e integró también la agrupación de jazz «Select Jazz Band» junto a Miguel De Matteo, Rafael Cosentino, Francisco Ferraro y Eugenio Nobile. También sumó su instrumento a la rondalla «Cauvilla Prim» .Eran tiempos que exigían desdoblamientos para subsistir.
«EL ESTILO MIO»
«Calculo que solamente de «La cumparsita» vendí 18 millones de discos. Este año la voy a grabar de nuevo, pero con una armonía totalmente distinta Hay un momento en que dejo a la orquesta en algo así como un suspiro, y por unos segundos la música se pierde… para después seguir con más ritmo, como ha sido siempre el estilo mío: nervioso, rítmico, movido, con efectos y matices» (Diario «Clarín» 10-2-72).
«YO SOY ASI»
«Yo siento el tango así, a la manera antigua, y como no fui yo quien lo inventó, no me creo con derecho a hacerle cambios que diferencien totalmente su fisonomía.(…) Lo fui a buscar a su propia fuente y de la mano lo traje conmigo (…) Abrazado a él ganaré o perderé, pero siempre que el tango sea tango, es decir que tenga ese sabor criollo, recio y varonil que le dio fama y que a principios de siglo hacía persignar de miedo a las viejas beatas, que cuando sentían sus acordes sufrían más que si estuviesen escuchando el chistido agorero de alguna lechuza (…) Sí, soy así…¿Me entendieron, plomos?»
DE LOS LABIOS A LOS PIES
«…Y este fenómeno de resurrección bailable del tango tuvo también su protagonista en un nombre que creó una modalidad interpretativa de un estilo: Juan D´Arienzo (…) Es decir, una rígida marcación, tajante, acelerada, sin tregua en el permanente contrastes de ´stacattos´ y silencios pronunciados como alternativa más saliente, con frecuentes pasajes de piano destacando acentuadamente en la mano derecha el tema de la melodía o algún contracanto sobre la misma (…); forma de ejecución técnicamente simple, pero realzada por una notable ajuste instrumental» (Luis Adolfo Sierra, Evolución instrumental del tango, 1966).
SUS CANTORES
Con la orquesta de Juan D´Arienzo actuaron notables cantores, algunos con larga permanencia y otros con un pasaje fugaz por el conjunto. Yatasto Noticias. El primero fue un vocalista de excepción, Carlos Dante, incorporado en 1928. Fue también el primero en registrar grabaciones con la orquesta, y además de «¡Callejas solo!», realizó veintiocho intervenciones. Simultáneamente con Dante actuaba el cantor y vocalista Francisco Fiorentino, con ocho registros, desde «Victoria» hasta la ranchera «Al tranquito».
Cuando Juancito dejó el violín por la batuta, incorporó al cantor Rafael Cisca, que no dejó grabaciones. Sí dejó cuatro temas grabados Walter Cabral, en 1935 y ya en el sello Víctor.
Otro cantor actuó luego, sólo en presentaciones de la orquesta: Mario Landi, en 1936. En 1937 Enrique Carbel dejó la grabación de un solo tema: «Paciencia» (falleció a los 23 años). Y llega Alberto Echagüe, «el» cantor de D´Arienzo, que comenzando con «Indiferencia», actúa en los años 1938 y 1939. La segunda participación de Echagüe con la orquesta se extendió desde 1944 a 1953, y por último volvió como vocalista entre 1968 y 1974. Dejó en total 135 grabaciones con la orquesta del «Rey del compás».
En los años 1940/42, llega Alberto Reynal, que dejó en el disco 16 temas, y Carlos Casares, que participó con tres registros.
En 1940, Vicente «Tito» Falivene resulta consagrado en un concurso auspiciado por la firma «Puloil». Se incorpora casi inmediatamente a la orquesta de D´Arienzo, en la que actuó hasta 1944, completando 50 temas llevados al surco. Se trata del enorme cantor conocido como Héctor Mauré, nombre artístico ideado por el propio Juan D’Arienzo.
Once temas dejó grabados el cantor, luego magnífico actor, Juan Carlos Lamas (1942-1943). Al año siguiente llega Armando Laborde que, en varias etapas, grabó 136 títulos.
Rodolfo Lemos grabó siete temas entre 1950 y 1951.
Otra pareja de cantores identificada con la orquesta irrumpe en 1957: Jorge Valdez, que estiró su actuación hasta 1965, con un total de 112 placas, y Mario Bustos, que desertó dos años después, dejando grabadas 36 piezas.
En la época final de la orquesta, con el maestro dirigiendo, se agregaron Horacio Palma, desde 1960 a 1963 (36 temas), Héctor Millán, de 1962 a 1963 (9 grabaciones) y Osvaldo Ramos, que terminó el ciclo de la orquesta de Juan D’Arienzo junto a Echagüe y Laborde, y permaneció de 1965 a 1974, totalizando 67 registros.
La orquesta realizó grabaciones especiales en 1956 con Libertad Lamarque («Y todavía te quiero» y «Cantemos corazón»); en 1961 con el chileno Antonio Prieto ( «La calle del pecado» y » Después de la boda»), y en 1972 con la cantante chilena Mercedes Serrano («Nada más» y «Con alma de tango»).
SUS DISCOS
Grabara lo que fuese, sus placas se vendían solas y no resultaba muy fácil conseguir los discos de D´A-rienzo. Las casas de música especulaban y no vendían sus discos si el cliente no solicitaba, además de los títulos del «Rey del Compás», por lo menos dos o tres discos 78 de otros intérpretes.
¡LEVÁNTATE Y BAILA…!
Juan D´Arienzo, devoto de la milonga pura, imponía sus propias leyes en el show de la historia, con versos de Angel Villoldo:
Moviendo nuestros cuerpos cual resortes
Dos o tres cortes vamos a dar…
¡Qué dicha tan singular
y que emoción se siente
bailando un tango!
Seguramente -dicen-, el ritmo nervioso de su orquesta, con el vozarrón de Juancito, convocó a la ciudad con su grito penetrante. «Vamos… Despertad y venid al tango…Vamos, Buenos Aires, vamos, Río de la Plata entero, despierta, corre y ven: ¡Levántate y baila!»
(Video. Orquesta Tipica JUAN D’ARIENZO Instrumental Loca)
(VIDEO. Orquesta Tipica JUAN D’ARIENZO canta Alberto Echague » PACIENCIA «)
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