El porno: nuevo vínculo social

La pornografía es un género literario cuyo último suspiro lo dio con el fenómeno denominado “industria pornográfica”. Pero antes de ser sexo el porno es imagen y antes de ser imagen es un tipo específico de vínculo social. El sentido común mantiene con el porno una relación de ajenidad: no lo ve. O mejor: lo ve en todos lados (en la publicidad del yogur o del auto, en los noticieros, en el reality show), pero se niega a mirarlo. Por supuesto, hace décadas que su producción, circulación y consumo se despenalizaron, y por eso ya no se lo condena, aunque se estigmatiza (tolerantemente) a sus consumidores. Mirar porno genera inquietud. Y a esta inquietud mejor tramitarla en privado.
La pornografía es un género literario cuyo último suspiro lo dio con el fenómeno denominado “industria pornográfica”, cuando mirar pornografía salió de los guetos masculinos u homosexuales y arribó a los cines comerciales. Ocurrió en la década del setenta y el hito fue Garganta profunda, de G. Damiano. La “liberación” del porno fue un proceso que atravesó la década del sesenta. Se conquistó primero en Europa y un año más tarde en EE.UU. la auténtica usina de este tipo de imágenes. También es cierto que esta liberación fue contemporánea a la aparición de un nuevo medio para la educación sentimental de las masas, la televisión, que vino a desplazar al cine. La libertad permitida afectaba al cine más que a la imagen pornográfica.
La pornografía propiamente dicha llega hasta la década del ochenta, con el video. La aparición de éste transformó tanto las condiciones de producción y exhibición como de recepción de la imagen pornografía. Abarató los costos, logró una distribución planetaria, privatizó su contemplación. Pero no se alteraron las condiciones estructurales de su relato. Aunque incluso la bibliografía especializada la condene como aburrida y sin historia, la pornografía persiguió siempre la transmisión de un mensaje, sea sexual (una utopía maquínica), religioso, científico o hasta metafísico, desde las sagas del Marqués de Sade hasta casi el último set pedorro producido sin presupuesto. El sexo era el medio para soportar la blasfemia, la impertinencia o la idiotez, intervenciones discursivas con las que se denunciaba el orden sexual, político, filosófico, etc., instituido. El porno irrumpe cuando el medio prescindió de utilizar el sexo para transmitir todos estos otros mensajes. Estos mensajes ya no cumplían ninguna función.
Para P. Virilio la televisión nace con el color, la tevé en blanco y negro forma parte de una época anterior, una paleotelevisión –a lo que podríamos agregar que la televisión real aparece recién cuando se pasa de tener canales de transmisión que se contaban con los dedos de una mano, a tener una oferta ilimitada (imaginariamente ilimitada) de imágenes a cualquier hora del día de cualquier género–. El porno es a la pornografía lo que el cableado a la televisión por aire. A lo largo de la historia moderna, la pornografía estuvo atada al medio técnico como ningún otro género, fue el primero, siempre, que usufructuó de la novedad tecnovisual, desde la fotografía, el estereoscopio, el cine, el video hasta Internet. Pero es en la “red” donde encuentra su hábitat idóneo.
Por varios motivos. Hay porno cuando el delivery de imágenes es continuo. Cuando esta imagen renuncia a cualquier tipo de trascendencia (incluso la trascendencia de arrasar con cualquier idea de trascendencia. Por ello todos los subgéneros posporno, desde el queer hasta el “femenino”, pertenecen al género pornográfico). Cuando el mensaje se reprime o expulsa de tal modo que desaparece de la escena, ¿qué queda? Queda un archivo incontrolable de imágenes de sexo. O para decirlo en otras palabras: queda la acción del medio, el medio audiovisual en acción, el medio sin mensaje.
El otro motivo consiste en su virtualidad. En ningún otro medio técnico como con Internet se plasma la virtualización del género. La pornografía y el porno implican indefectiblemente una mediación, sin medio hay sexo, no porno. Por ello, el porno no es, como cree el sentido común (y alguna bibliografía abocada al tema), sexo y sólo sexo. Salvo que imaginemos “el sexo” como una práctica muy diferente a la imagen que nos representamos cuando hablamos de sexo, un sexo ampliado, en todo caso, hasta su extinción. Antes de ser sexo el porno es imagen. Y antes de ser imagen es un tipo específico de vínculo social en el que se encarna (iba a escribir “refleja”) todo lo que nuestro inconsciente sea capaz de proyectar. No es mucho.
Porno: el régimen visual del capitalismo maduro
El porno es la esencia de la comunicación en el capitalismo tardío. El tabú más comentado, del que se habla a cualquier hora aunque nadie confiesa sus rituales. A esta altura del siglo resulta un lugar común plantear que el mito de la sociedad de la comunicación se funda sobre un concepto de comunicación que sólo podría realizarse entre máquinas, pues sólo ellas logran neutralizar cualquier afecto: un emisor impoluto, un receptor que decodifica y procesa, un canal neutro (llámese periódico, teléfono, TV o iPad), un código universal, híper claro e imposible de no entender. Porque no hay nada para entender; todo es para ver. El porno (no la pornografía, sino su encarnación virtual contemporánea) es la esencia auténtica de esta comunicación ideal.
El tan denostado modelo cibernético de la comunicación sigue infectando al sentido común: hay comunicación cuando los individuos intercambian sus opiniones, siempre verídicas, no intentan engañar a nadie, aunque discrepen entre sí: el objetivo consiste en conseguir el consenso y reafirmar los sentidos compartidos: la cara feliz de ella mirando a la cámara mientras él eyacula en su boca. Transparencia y franqueza, ¿cómo se consiguen? Por medio de la objetividad, suspendiendo el interés propio por el bien común (Sade recomendaba la apatía como el estado anímico conveniente para una orgía). La mentira es un error, que la claridad de la verdad despejará tarde o temprano. Esta es la lógica que estructura la comunicación mediática. La mentira es intolerable, habría que impedirla o reducirla a su mínima expresión (mito semejante al del político incorruptible). La lógica dicotómica de la mentira vs. la verdad: o la tiene parada o no se le para.
Esto no significa que todos los políticos sean corruptos y que la experiencia auténtica de la comunicación se parezca a un mundo de malentendidos. Así como en la política no debiera interferir la moral, en el porno habría que diferenciar la dimensión estética del texto de su dimensión lógica. La estética porno, más allá de los maquillajes y elongaciones del caso, se basa en la mostración del sexo desnudo. Es tan potente esta mostración que definimos al género únicamente por ella: si no hay sexo explícito, no hay porno. La lógica, en cambio, se relaciona con la manera de mostrar la imagen, con su percepción y no con el contenido ni con lo percibido. A la preponderancia de éstos sobre aquéllos, W. Benjamin la denominó alienación perceptual.
Voy a poner un ejemplo. La famosa fórmula que McLuhan tomó de los cubistas y utilizó para definir a todos los medios de comunicación: “El medio es el mensaje”, en ningún caso se cumple con más éxito que en el género porno. Hasta estoy tentado de plantear que el porno encarna la lógica y la estética del medio audiovisual mismo: sustracción de la mayor cantidad de discurso verbal posible (en la virtualidad la cámara no sólo se volvió subjetiva, sino en gran medida la interpelada directa de las actrices y actores, el sujeto de la acción) y presentación de la imagen sin ningún velo, como si en alguna medida el espectador estuviera involucrado en la escena. Lo está de muchas maneras.
Ningún otro género tanto como el porno reduce el mensaje de su texto hasta tal punto que roza el grado cero de significación, la materialidad misma del medio. Entre el medio y el mensaje se anularían las mediaciones y terminarían fundiéndose uno en el otro: transparencia y sinsentido. La trascendencia está vacía; la inmanencia, saturada.
Fuente: página 12. Por Daniel Mundo * Docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).





