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La Carta que le escribió Roberto Arlt a Ricardo Güiraldes

Un año antes de publicar El juguete rabioso y comenzar una frondosa carrera periodística que lo llevaría de los policiales a las aguafuertes, un joven Roberto Arlt le escribía a Ricardo Güiraldes una carta iniciática en la que le agradece la aceptación de los dos fragmentos de El juguete… que había dado a conocer. Dramática, llena de expectativas y búsqueda de empatía con sus mayores, en pleno auge de Florida y Boedo, la carta que se da a conocer recién ahora es un enternecedor autorretrato del artista en formación.

En el momento de escribir la carta que aquí se reproduce, Roberto Godofredo Arlt estaba por cumplir dos décadas y media de vida, hacía tres años que se había casado con Carmen Antinucci, dos que había nacido su hija Carmen Electra y menos que se había mudado al barrio de Villa del Parque. Su única publicación de cierta importancia, al menos desde la mirada “documental” del presente, había sido Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, originalmente aparecida en Tribuna Libre en enero de 1920 y que hoy puede leerse en la edición de sus Obras completas lanzada en 1991 por la editorial Planeta.

Un año más tarde, en 1926, no sólo aparecerá su novela El juguete rabioso sino que el joven Arlt ingresará de pleno en el vértigo del periodismo y, de a poco, en su madurez como escritor que se desparramará sobre la década siguiente. Ese año comienza a colaborar con Don Goyo, la revista que dirigía Conrado Nalé Roxlo, además de Mundo Argentino, El Hogar y Claridad; un año más tarde, en 1927, se enrolará en las filas del diario Crítica como cronista policial.

Agreguemos algunos datos más al contexto general en que la carta debe ser leída. Cuando Arlt la escribe, la revista clásica de la vanguardia argentina, el quincenario Martín Fierro, alcanzaba el primer año de su segunda época; mientras que Proa, con la dirección de Brandán Caraffa, Jorge Luis Borges, Pablo Rojas Paz y Ricardo Güiraldes todavía no cumplía los doce meses, también de su segunda época. En su manuscrito, Arlt hace referencia a Evar Méndez, el periodista y escritor nacido en 1888 y muerto en 1955, el poeta de Las horas alucinadas, pero, fundamentalmente, tal vez para su desgracia, quien siempre será recordado por ser el fundador y promotor de la mencionada Martín Fierro.

Por supuesto, el destinatario de la carta, Ricardo Güiraldes, quien abriera a su manera las puertas de las experiencias de la vanguardia criolla con su poemario El cencerro de cristal (1915) cuando contaba con 29 años, estaba ya cercano a su muerte, ocurrida en 1927, e incluso atravesaba, a juzgar por los testimonios recogidos por diversos historiadores, por un período de cierta decepción que lo llevaría a alejarse de Proa, la “revista de renovación literaria”, según su slogan. No obstante, en una coincidencia ya histórica y suficientemente explotada por los críticos, en 1926, junto con la primera novela de Arlt, Güiraldes publica con el sello de Proa su Don Segundo Sombra, y seguiría hasta el final mostrándose abierto y generoso con los creadores más jóvenes, quizá repitiendo el gesto que él mismo buscó y encontró en Leopoldo Lugones para su Cencerro…

Otra de las figuras mencionadas es Atilio Chiappori (1880-1947), destacada figura intelectual de la época, quien había sido miembro del staff de las revistas Ideas y Nosotros, además de publicar varios libros de novelas y cuentos (se podrían destacar los relatos de Borderland, de 1907), y también ensayos, como La belleza invisible, de 1919, y Recuerdos de la vida literaria y artística, de 1944.

Como se puede especular a partir de notar simplemente las diferencias de edad y generacionales, la de Arlt es casi una “carta de iniciación”; muestra al joven artista que busca el reconocimiento y la empatía con figuras consagradas de la vida intelectual criolla (en primer lugar el destinatario, claro). El único “par” que aparece mencionado es Raúl González Tuñón (era más joven que Arlt, nació en 1905), quien también en 1926 daría a conocer su obra inicial, El violín del diablo.

En 1925, Roberto Arlt publica, como adelanto de la que había imaginado como su primera gran obra, la novela La vida puerca, dos capítulos. Uno de manera fragmentaria, “El rengo”; el otro se titulaba “El poeta parroquial” y sería suprimido cuando el texto llegue a la imprenta. Las historias cuentan que el relato había sido rechazado anteriormente por Elías Castelnuovo, y que sería rebautizado a partir de la aceptación de una sugerencia del propio Güiraldes como El juguete rabioso. Este es, evidentemente, el libro al que la carta se refiere y de cuya buena recepción por parte de los “lectores amigos” Arlt se congratula.

Una observación final sobre el estilo (tal vez el término suene exagerado) de la carta. Pareciera que Arlt busca empatizar con su destinatario a partir de lo que imagina, a tientas, como un “lenguaje literario”, que abreva en fórmulas y metáforas que quizás él imaginó en la estela modernista o simbolista, pero que más bien rozan el cliché; lo mismo puede decirse de algunos de los “temas” tratados que respiran un aire metafísico o existencial, y que, de alguna manera, dibujan el contorno de la excepcionalidad de las figuras intelectuales que pueden darles digno tratamiento.

Esta carta se da a conocer gracias a la gentileza de la señora Lidia C. de Lecot, viuda de Alberto Gregorio Lecot, autor de un libro sobre Güiraldes, En “La Porteña” y con sus recuerdos, que contiene una gran cantidad de textos poco conocidos del autor de Don Segundo Sombra. Los autores de la nota agradecen, además, a los integrantes del Club de Lectura que funciona en la Biblioteca Guido y Spano, donde esta carta fue por primera vez conocida y comentada.

En tiempos de hipocresía, cuando parece faltarle sangre a la literatura, es esperanzador reencontrarse con uno de los grandes y más rabiosos escritores en lengua española. Esta brutal, cínica y a la vez, dramática carta es testimonio de un compromiso con lo mas terrible y cruel del ser humano. Que es algo de lo que también estamos hechos.

(Esta es una transcripción literal a partir de la carta autógrafa, de 3 páginas, enviada a Ricardo Guiraldes aproximadamente en el año 1926. Una curiosidad de la carta es ver la serie de errores ortográficos de Arlt, que motivaron más de una burla entre Borges y otros contemporáneos)

Estimado amigo Ricardo:

Recibí su libro y no se imagina con qué alegría, pues había visto Don Segundo en las vidrieras y creía que Ud. se había ya olvidado de Arlt. De su libro pueden decirse ya tantas cosas hermosas, que lo más fácil y espontáneo es agradecerle a Ud. que haya tenido la bondad y el talento de darnos tanta belleza cristalina, sencilla y noble. Un libro como el suyo es un don, aquel que lo lea se sentirá inclinado a amarle y a retribuirle a Ud. de una forma u otra, con palabras o con hechos, el placer cristalino,diáfano y sencillo.

¡Cuánto hablamos de su libro! Y ahora qué difícil es hacerlo pues las palabras no tienen medidas discretas para enaltecer la virtud de lo realizado. Suerte que Ud. mejor que nadie sabe todo lo que ha hecho… nosotros ya no podemos elogiarle, su libro es un favor y una virtud. Es todo hermoso. No tiene altos ni bajos, mas si de la llanura una uniformidad serena, con olor de yuyos y en el cielo que lo cubre una claridad tan tersa que todo se vuelve transparente allí.
Pero todas estas son palabras para la gran luz de amor que hay en su libro. Yo me miro y me causo a mi mismo el ridículo efecto de un tío que se acercara a un héroe para enseñarle la psicología del coraje. Y después hablaremos mucho más de Ud. o Ud. hablará de su libro, y eso será lo agradable.
De todas formas Ud. bien se merecía esta alegría.
Respecto a mí, pocas noticias tengo que darle. En este internado he aprendido el oficio de periodista y el de apuntador de descarga en el puerto. Con los dos oficios juntos puedo aspirar a morirme de cualquier cosa. Por otra parte y para mayor gloria de Dios, las cosas me van peor que nunca.
1° Mi hermana tiene que volver al sanatorio de tuberculosos.
2° La casa donde trabajaba mi padre ha quebrado
3° Posiblemente en estos días vengan a vivir a mi casa
4° Mi señora también está tuberculosa, si las cosas no mejoran tiene el proyecto de ponerse a trabajar de sirvienta o mucama. Ella sabe como se hace eso porque en su casa tenían cocinera, sirvienta y mucama.
5° Y yo… yo no sé hasta donde me voy a undir.
A momentos tengo la sensación de que estoy descendiendo por un pozo. El disco de luz del brocal se hace cada vez más pequeño y las tinieblas más espesas. Y yo bajo y bajo… y estoy tranquilo… veo a mi mujer cada día más triste y más sufrida y estoy tranquilo. Eso sí de vez en cuando se me sube a la boca una putiada, pero como eso es de mal gusto… bajo, bajo y estoy tranquilo. Un buen día se me morirá mi mujer y yo estaré tranquilo… y sabré sin embargo que he sido yo el que la mató a privaciones.
¡Ah! Santo Dios… quisiera putiar no se a quién tanta basura que tengo atravesada en la garganta. Pero la vida es así… hay que sufrir… sufrir hasta que el corazón a uno le estalle como una bomba.
Le he escrito un telegrama de 130 palabras al doctor Sagarna. Veremos si ese me contesta. Me han dado una recomendación para el coronel Mosconi, director de los yacimientos petrolíferos de Santa Cruz. Yo me voy a cualquier parte. Estoy arto… tan arto que hasta siento en mi cuerpo la inchazón del alma. Nunca me sentí tan desdichado como ahora, tan pobre hombre. Solo me sostiene el interés de saber hasta donde voy a bajar. Y estoy tranquilo. Preveo todo lo que me va a suceder con una lucidez increíble. Mi hermana al sanatorio de Santa María, mi mujer sirvienta o al sanatorio, pero eso después que se haya despulmonado y yo? Querido Ricardo, yo no le visitaré a Ud. Si Ud. quisiere verme vaya a mi casa, no podría irlo a ver a su casa. Cuando uno es tan infeliz adquiere el derecho de no visitar a nadie.
Saludos a su esposa.

Reciba un abrazo de Roberto.

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