¿Por qué caminamos mal?

En general, se piensa que quienes caminan mal lo hacen por algún defecto físico adquirido o congénito. Esto no siempre es así, pues hay formas de caminar que responden a las emociones y al estado mental de las personas. Salvo los casos de simulación o de querer aparentar o aparecer como triunfadores a través de una forma de caminar segura y soberbia, hay casos en que, una vez fuera de esa actuación forzada, el cuerpo se expresa y se mueve casi de manera opuesta a la anterior.
La forma de mover nuestro cuerpo pone de manifiesto qué pensamos y sentimos dentro de nosotros. Si nuestro interior se mantiene calmo y sereno, calmo y sereno será nuestro modo de caminar. Y si nuestro interior está convulsionado, tales convulsiones incidirán en el andar y en los movimientos de nuestro cuerpo.
Por eso, quien camina de manera vigorosa y segura, no siempre refleja lo que realmente es y lo que efectivamente le pasa en su vida. Quizás esté actuando, queriendo aparecer de una manera que no es en realidad, todo con el propósito de lograr prestigio o la aprobación de los demás. Estos casos de simulación pertenecen a problemas que merecen ser tratados aparte. Yatasto Noticias.
Simplemente nos estamos refiriendo a la forma de caminar espontánea, a las formas in fraganti con que alguien mueve el cuerpo sin atender ni interesarle cómo lo están mirando o qué estarán pensando de él.
Al adolescente, por su inmadurez, quizás la timidez le impida desplegar el cuerpo con más soltura y seguridad en ambientes desconocidos y hostiles o muy formales para él. Como regla práctica, podríamos decir que en la mente del ser humano se suceden una serie de imágenes y pensamientos cuyas características van a manifestarse en su modo de caminar y actuar.
Quienes tienen preocupaciones, seguramente caminan distraídos y con dificultades de observar alrededor las cosas y las personas. Quienes están tristes y angustiados, presentan una fisonomía que asemeja a las arrugas de un paño delicado. Es el rostro cabizbajo que no transmite frescura ni alegría.
El pesimista crónico, por su parte, tiene un andar indiferente que refleja la constante crítica y el rechazo a las ideas positivas que le plantean los demás.
El rígido de pensamiento traslada esa rigidez a los movimientos de su cuerpo quitándole espontaneidad y frescura a su andar. El inseguro y el temeroso le van a imprimir inseguridad y temor al modo de relacionarse y vincularse con los demás. Consiguientemente, caminarán y moverán el cuerpo de acuerdo con esas emociones.
El apurado, siempre camina con el ánimo alterado y sofoca su sensibilidad impidiéndole disfrutar mientras camina.
Quien está dominado por la vergüenza, limita sus movimientos y deja de ser espontáneo al caminar y relacionarse con los demás.
Un ejercicio cotidiano para ir conociéndonos, consiste en acostumbrarnos a observar qué emociones nos dominan e influyen cuando estamos caminando y moviendo el cuerpo. Es una práctica sencilla, aplicable en cualquier lugar o momento de nuestras actividades diarias y que, con constancia, nos irá ayudando a ver si podemos cambiar y mejorar el modo de caminar y de sentir nuestro cuerpo.



